La voz de Leonor es el Messi de Marlango, el goleador del dúo

El dúo Marlango ha editado un cinematográfico 8º disco, ‘Technicolor’ (Altafonte), repleto de sorpresas y que se aleja del mundo del pop al carecer de bajo y guitarras.

“Somos felices porque tenemos el mejor trabajo del mundo”, asegura en esta entrevista Alejandro Pelayo, mitad de Marlango junto a la cantante y actriz Leonor Watling. La gira de presentación de su disco arranca el jueves en Bilbao, en el Kafe Antzokia, con Carletti Porta como telonero.

Cambian de discográfica. ¿Es la razón de cuatro años de silencio?

-No. El disco ha estado condicionado porque no hemos parado de tocar, lo que es difícil de compaginar con la composición, la vida cotidiana y llevar los hijos al colegio. Las canciones estaban, pero había que ordenarlas y faltaba tiempo. Actuar tanto ha sido fantástico para ellas. Probadas en vivo, han madurado de forma natural.

El disco tiene un título colorista, pero un aura de nostalgia.

-La idea era hacer una banda sonora de película, una excusa para iniciar el trabajo aunque no existieran imágenes. Y nos fijamos en el cine negro, en el primer technicolor, que fue el blanco y negro, el de los años 40. Partimos de una película en la que llovía porque nuestro lugar natural es el gris.

¿Cómo se articuló el trabajo? ¿Le pasó Leonor las letras y usted las vistió? ¿Hubo trabajo compartido?

-Trabajamos mucho por separado, pero a veces las palabras arrastran a las melodías. Otras, van de la mano, imagino que por el oficio y la experiencia. Estamos cómodos en un lugar que conocemos, pero huimos hacia lo desconocido. Esa es la premisa.

El disco está lleno de sorpresas.

-Para nosotros al menos. Nos sentimos como si fuera el primer disco, pero sabiendo que hay siete antes. Y algo te dejan, como los conciertos.

¿Todo surgió de la unión de voz y piano, como siempre?

-Así es. Luego, los arreglos los condicionan la melodía de la voz. Y al final, buscamos el silencio. El arreglo también sale de él. Y eso que al músico le cuesta no tocar cuando está delante de su instrumento. Hay que saber respirar. Hay que saber cuándo no se debe tocar porque el silencio es fundamental.

Sería reduccionista decir que ‘Technicolor’ es un disco de jazz. Lo que no es un álbum de pop.

-Nos estamos intentando quitar del pop como la ropa de invierno al llegar el calor. El pop está muy bien... (duda). Creo que tiene que ver con la edad y con tener hijos que solo oyen un pop del que abominamos. Es todo reiterativo, no hay silencios. ¡Nos estamos haciendo mayores! Nos gustan más otras músicas que no tienen patrones tan rígidos y obligados.

¿De ahí la vuelta de los metales, el rechazo a la batería y el bajo, o la incorporación de un violoncelo?

-Sí, es una manera sencilla y eficaz de lograr lo que queríamos quitando todo lo que juega en la defensa y el centro del campo. Dejamos el portero y el delantero, con incorporaciones de laterales por las bandas, que pueden ser cuerdas o metales. Y el piano, centrado o de segundo delantero.

¿Y el ariete del equipo, el goleador, es la voz de Leonor?.

--Claro, es nuestro Messi (risas). El cantante siempre es el que sale en la foto y quien vende las camisetas.

Hay una canción titulada ‘El beso robado’. Parece un guiño a Radio Futura tras la versión que hicieron de ‘Semilla negra’.

-Cualquier guiño a los Futura es poco, y si algo nos queda pendiente es tener a Santiago Auserón compartiendo una canción. Le perseguimos, pero se escapa. En este caso, Leonor se pone en la tesitura de alguien que ve una escena de la que le gustaría ser parte. El título llegó después.

Hablando de referencias, usted cita también a Falla o a Granados.

-Y a Turina y Albéniz, que estaban a la altura de contemporáneos como Debussy. Son nuestras raíces, a veces denostadas y olvidadas por razones que no tienen que ver con lo musical. Son quienes vinieron antes, como los Futura y Golpes Bajos;y no deben darnos vergüenza.

Hay mucho dolor en las canciones.

-Puede, pero Leonor siempre añade un poso de esperanza en su escritura. Le gusta empezar en un sitio y acabar en otro, incorporando movimiento y mejora.

¿El concierto sonará como el CD?

-Claro. Ese es el reto, ampliando el sonido a las canciones viejas, a las que se añadirá una guitarra. Nos vamos a quedar con lo mínimo.

Marlango debe su nombre a un personaje creado por Tom Waits. ¿Cree que este disco le gustaría?

-Quiero pensar que sí, porque le debemos mucho. Como a Auserón.

Marlango dejó de ser un capricho.

-Todos los grupos son un capricho de sus miembros. Tenemos suerte, este es el mejor trabajo del mundo.

 

Fuente:Deia